Las patentes de Arthur Paul Pedrick: transportando hielo de la Antártida a Australia
Que el mundo de la ciencia está íntimamente ligado al de los inventos es algo que todos sabemos.
Muchas de las investigaciones que se realizan suelen estudiar campos desconocidos hasta el momento, y esto suele llevar descubrimientos de mayor o menor importancia.
El autor de este descubrimiento (ya sea un invento físico, o una idea), si realmente comprende cómo funciona el mundo, sabe que tiene que proteger su creación para evitar que alguien se beneficie de su idea. Y ahí entran en escena las patentes.
La patente nos permite garantizar nuestros derechos sobre nuestro invento, evitando que cualquiera explote la idea para su propio beneficio. Pero esto sólo será por un tiempo limitado.
Y no os podéis imaginar lo afortunados que somos.
Porque allá por 1970, un inventor inglés llamado Arthur Paul Pedrick obtuvo 162 patentes por sus inventos. ¿Y qué tenían de especial, para que hablemos de ellos?
Que la posibilidad de aplicarlos era… cuanto menos, imposible.