El hombre probablemente no es libre ni lo será nunca (I)
Esta anécdota es verídica. Tengo un amigo que con apenas 16 años le formuló una peliaguda pregunta a una profesora de ciencias. En clase habían estudiado ya numerosas leyes que parecían regir el universo, los cuerpos físicos, incluso los átomos. Su pregunta fue: Si todo obedece a leyes fijas e inamovibles e, incluso, éstas se pueden predecir, ¿entonces el ser humano no tiene voluntad propia y simplemente cumple un programa fijo?
Evidentemente, la pregunta no fue formulada en estos estrictos términos. Hay que añadirle algunos balbuceos. La cuestión importante fue la respuesta de la docente: Uy, pues no sé, si así fuera qué triste sería la vida, ¿no crees?
Con los años, este amigo se estuvo planteando si realmente los términos “alegre” o “triste” tenían algo que ver con el funcionamiento del cosmos. Hasta que nos conocimos 4 años después. Me formuló la misma pregunta, a la que empezamos a denominar “La Teoría”. Nos obsesionamos con ella. Y, desde entonces, nos hemos pasado una década leyendo todo lo que podíamos sobre el asunto.
Las conclusiones, pese a la respuesta “triste” de la profesora, no son demasiado halagüeñas.