Animales malignos: el mito de que el hombre es malo y los animales, no (II)
Si hemos de defender nuestras convenciones, nuestros sistemas éticos y nuestras leyes, pues, no es buena idea hacerlo en base a cómo afrontan los demás animales los dilemas que les salen al paso. Porque los animales no son buenos y los humanos son malos. Ni tampoco los animales son malos y los humanos son buenos.
Porque humanos y animales son, en puridad, la misma cosas. Y los animales son buenos o malos según el análisis ético que apliquemos en cada situación (siempre teniendo en cuenta que el grado de intencionalidad en un animal es menor).
Y eso, por supuesto, también sucede con los humanos.
Antes de empezar, es necesaria una aclaración terminológica. Los biólogos acostumbran a usar rasgos netamente humanos para describir ámbitos animales. Esto se hace por dos razones: para facilitar la comprensión gracias a la analogía que origina la palabra y por economía verbal.
El investigador Boris Cyrulnik, etólogo clínico, además de neurólogo y psiquiatra, es el padre de la teoría de la resiliencia, según la cual una infancia infeliz no determina la vida posterior.
En muchas especies animales los individuos realizan actos concretos en favor del bienestar de la comunidad. Estos comportamientos han sido descritos muchas veces en distintas especies de monos. Para algunos investigadores, este tipo de comportamientos sociales, muy evidentes entre los chimpances, podrían considerarse precursores de la moralidad humana.