Misión: Salvar el ‘Hubble’
Suenan las primeras notas de serial Misión imposible. Porque es, más o menos, a lo que se enfrenta ahora mismo la NASA al lanzarse a reparar el dañado telescopio Hubble.
El Hubble tiene una cámara principal inutilizada, un espectógrafo tanto de lo mismo, unos circuitos quemados, su antena ha sido víctima de un agujero del tamaño de una bala del calibre 22, las baterías están dando sus últimos coletazos y su brillante fuselaje pierde lustre tras los innumerables impactos de minúsculas partículas.
Situado a 600 kilómetros de la Tierra, el telescopio Hubble ha sido el autor de muchas de las bellas imágenes del espacio que pueblan el imaginario colectivo (es posible que alguna, ahora, sea el fondo de pantalla de vuestro ordenador). El Hubble es el telescopio más importante desde que Galileo construyera el primero a comienzos del siglo XVII. Es nuestro ojo Big Brother orientado al universo. Gracias al Hubble, sabemos que la expansión del universo se está acelerando (constante de Hubble) y que las galaxias se formaron poco después del Big Bang, hace 13.700 millones de años.
Una nariz electrónica es un sistema electrónico con capacidad analítica cuya finalidad es detectar los compuestos orgánicos volátiles; en el fondo no es más que una imitación simplificada del sistema olfativo de los mamíferos.