Aprovechando el viento para refrigerar instalaciones

Nos lo cuenta Enrique Dans en su blog: el nuevo data center de la compañía HP en Inglaterra será refrigerado aprovechando el frío glacial. No estamos hablando de un simple almacén, sino de una gran instalación 33 500 metros cuadrados, que se refrigera usando los vientos del Mar del Norte. La compañía ahorrará así la friolera (nunca mejor dicho) de tres millones de euros anuales en sistemas de refrigeración.
El aire atraviesa unos colectores, es filtrado y sopla directamente sobre los estantes que contienen los ordenadores. El sistema está diseñado para mantener una temperatura constante de 24 ºC, si el aire entra demasiado frío, se recombina con el aire caliente que sale del sistema hasta lograr la temperatura deseada. Las instalaciones tienen además un techo capaz de recoger el agua de lluvia para regular la humedad del recinto.
Con estos sistemas, el data center tiene una PUE (power usage efficiency, eficiencia de uso de energía) de 1.2, es decir, la energía total consumida por las instalaciones es sólo un 20% más que la energía empleada directamente por los ordenadores. En instalaciones convencionales, la PUE tiene valores mucho más altos (hasta 2), lo que indica que se consume mucha energía extra (fundamentalmente en refrigeración). Los criterios de eficiencia energética se están imponiendo también en otras compañías como Google. A la larga, supone un importantísimo ahorro energético.
Vía | Enrique Dans
Más información | International Business Times
Las cuevas litorales de Mallorca han resultado ser una especie de máquinas del tiempo a la hora de evocarnos la historia del clima de la Tierra, como ha recogido la revista Science a propósito de una investigación de las incrustaciones en las cuevas, capaces de datar la subida del mar.
El ser humano podría ser más responsable de lo que cree en el hecho aparentemente natural de que un día amanezca nublado… o que con frecuencia, después de una semana soleada, el fin de semana esté todo encapotado.


Las especies, en general, están adaptadas al medio en el que viven. Los cazadores caminan silenciosamente, las presas tienen un oído excelente, los buitres detectan cadáveres a gran distancia. El ser humano es una excepción, al haber cambiado mucho nuestros intereses actuales. Nuestra forma de ver el mundo, nuestras capacidades, nuestros sentimientos y nuestras tendencias están condicionadas por nuestra historia evolutiva, y se desarrollaron en un contexto muy diferente al del mundo actual, enfrentándose a problemas muy distintos de a los que nos enfrentamos hoy en día, que requerían soluciones completamente diferentes. Un ejemplo es nuestra innata incapacidad de percibir fenómenos que ocurren a escalas temporales amplias. Nunca hemos necesitado esta capacidad, porque hemos sido una especie que ha vivido en el corto plazo, percibiendo sobre todo las variaciones dentro del mismo año, pero sin ir más allá. Al no necesitar esa capacidad, no la hemos desarrollado, y por tanto interpretamos muchas cosas que nunca antes nos habían interesado (y ahora sí) de modo erróneo.