Para poder votar este post tienes que identificarte o registrarte aquí.
Para votar este post conéctate con Facebook
Connect
Unos días atrás os planteábamos una disyuntiva, ¿comeríais cerdos insensibles al dolor?, en la que habéis participado muy activamente, llevando la discusión hasta lugares interesantes y enriquecedores.
A modos de conclusión, me gustaría compartir con vosotros algunos datos acerca de los cerdos y su uso para la alimentación humana. Datos que vienen a confirmar aquel dicho de que “del cerdo se aprovecha todo”.
De todos los mamíferos domesticados por el hombre, el cerdo es el que posee mayor capacidad para transformar plantas en carne de forma rápida y eficaz. De esta forma, un cerdo, a lo largo de su existencia, puede transformar el 35 % de la energía que contiene su pienso en carne. Las vacas, por ejemplo, sólo transforman un 6,5 %.
Por otro lado, en apenas 4 meses después de la inseminación, una hembra porcina puede dar a luz 8 cochinillos o más, que llegarán a pasar más de 200 kilogramos cada uno en el plazo de 6 meses. Por el contrario, una vaca precisa de 9 meses para parir un único ternero y, en la actualidad, hacen faltan unos 4 meses para que éste alcance los 200 kilogramos.
Bajo la luz de estos datos, es evidente que el fin esencial del cerdo es producir carne nutritiva. Sin embargo, aunque el cerdo sea el paradigma nutritivo del ser humano, hay sociedades donde el consumo de cerdo está prohibido. Por ejemplo, el dios de los antiguos israelitas prohibió a su pueblo no sólo saborear su carne, sino incluso tocarlo, ya estuviera vivo o muerto.
A continuación, como colofón, no puedo evitar transcribiros el fragmento de una novela en la que dos personajes discuten de forma original y enjundiosa si es moralmente reprobable comer carne (sobre todo de cerdo):
Si enumeráramos las opciones morales respecto a este peliagudo asunto, le dije, en un orden de prelación inverso (postlación, se debería llamar), la posición número uno correspondería a los que se sientan en esta mesa: excluyéndote a ti y a mí. La número dos, ser vegetariano, te correspondería a ti. Excelente, eres mejor que los que se sientan en esta mesa. ¿O no? Ahora lo averiguaremos. La posición número tres correspondería a evitar la carne pero también los vegetales, porque los vegetales también son seres vivos y son susceptibles de padecer sufrimientos. En esta posición moral debes alimentarte exclusivamente de vitaminas sintetizadas, minerales y aminoácidos; con pastillas nutritivas como las de los astronautas. En la posición número cuatro, uno amplía la definición de vida, ya de por sí vaga, y tampoco es capaz de alimentarse de vitaminas, minerales y aminoácidos, habida cuenta de su organización y cierta estructura. Nos apena ingerir algo que parece ser tan complejo y bello, con tanto derecho a subsistir como el perrito Lassie.
El que se halla en la posición número cinco, famélico y desesperado, investiga hasta lograr una comunicación bilateral con la cosa que pretende comerse, con objeto de que le ceda un trozo de su cuerpo. Por ejemplo (y admitiendo que este animal semeja mucho más a un ser humano que la vitamina C), con el cerdo. Una vez llegado a un acuerdo con el animal, tan sólo se requeriría la modificación de su cuerpo para evitar su muerte. Por ejemplo, que gozara de la posibilidad de practicarse voluntariamente una autotomía similar a la de una lagartija cuando se desprende de su cola, el ciempiés de sus patas o algunos cangrejos de sus pinzas. No obstante, el cerdo, como de él se aprovecha todo, es uno de los animales más perjudicados. De esta manera, dicho animal debería organizarse por castas: la casta de los morritos, la casta de las colitas, la casta de los pies, etcétera, que sólo cederían una determinada parte de su cuerpo (para más señas la que se indica en el nombre de la casta a la que pertenece). Presumo que existiría también la casta de los mártires, cuyos integrantes se desharían de todo su cuerpo excepto del cerebro y de las partes íntimamente ligadas a procurar su supervivencia. Es de perogrullo añadir que todos los animales incluidos en esta dinámica deberían disfrutar también de la capacidad para regenerar sus órganos y demás secciones donadas, o los jamones o los muslos de pollo se agotarían en poco tiempo (o constituirían, unos en mayor medida que otros, placeres propios de un esnobista, como el caviar o el vino de cosecha).
Los que avancen a la posición número seis descubrirán con arrepentimiento que un cerdo, por ejemplo, y siento que este pobre (y guarro) animal sea casi en exclusiva el objeto de mi disquisición (lo siento por él, no por ti, tía), es sólo una amalgama de partes orgánicas. El cerebro no tiene más derecho que el hígado, y nosotros sólo hemos interrogado al cerebro del cerdo si nos puede ceder su hígado, pero nadie la ha preguntado al hígado si desea ser consumido. Se investiga, pues, como conversar, por ejemplo, con el hígado del cerdo y con su colita helicoidal.
Uno termina irremisiblemente en el puesto número siete cuando se percata de que jamás podremos alimentarnos de, por ejemplo, un hígado con los derechos fundamentales vulnerados. De este modo el término alimentarnos, comerte o consumirte se relegan a términos en desuso. El término correcto sería transformarte. Cuando comemos algo no lo matamos, sólo lo transformamos en otra cosa. No pienses, tía, en lo más fácil, esto es, en heces. Piensa en otros compuestos. Piensa en calor o en la energía vital que tanto cacareas. Piensa, si eres capaz, le dije con descaro. Entonces, antes de comernos el pie de un cerdo (pobrecillo), le preguntaremos (al pie, no al cerdo), oye, ¿quieres transformarte para que yo pueda perdurar sin transformarme?
Vía | Jitanjáfora
Comentarios
Hay que destacar el fragmento, notable. El punto creo yo es mantener un equilibrio en la vida, cosa difícil para todos los seres humanos, pero creo que esa es la forma de vivir respetando el espacio de los demás y metiéndose en él de forma que nadie salga perjudicado. Carne..estamos acostumbrados a comerla, y estudios garantizan un buen aporte de energía y nutrientes que a todos nos beneficia (todo el reino animal). El problema es cuando los humanos, por tener el poder en las manos, nos da por manipular lo que se nos cruce por el frente: manipular para ganar más dinero, para comer más, para adquirir fama, prestigio, en fin..excesos. La idea es comer para vivir, y no porque seamos capaces de tener todo lo que se nos ocurra crearemos infinitos recursos práctica que sin duda afectará a todo lo que nos rodea y solo nos beneficiará a nosotros (no estamos solos en este mundo y no llegamos primero que los demás).
interesante
#1, pero "lo demás" no nos tiene consideración. Párate frente a un oso, y dile, soy humano, la especie más avanzada del planeta y vengo en paz, quiero negociar un tratado de no agresión, tu no me comes, yo no te como.
Como no podemos comunicarnos con los demás animales, no podemos pactar una forma de convivencia y por tanto, en algunos casos simplemente hay que velar por uno mismo, después de todo, en la naturaleza, todas las especies velan por sí mismas y por ninguna otra.
Por lo que yo puedo tener una cabaña al lado del arroyo dónde habita el oso y convivir. Pero en el momento que el oso se vuelva una amenaza para mi (muy probablemente, el oso también me vea como una amenaza.) simplemente, no podremos convivir. y la naturaleza nos dicta que si para asegurar nuestra supervivencia el oso debe irse, y entonces, en el mejor de los coasos, llamas a un Zoo, y ellos se hacen cargo.
Heygonza, te has llevado un voto, te lo mereces.
Hombre, no es por joder, pero yo creo que el punto de los vegetarianos es que no quieren comer seres vivos susceptibles de sufrir, esto es, que disponen de sistema nervioso. Abstenerse de comer plantas también sería una monumental estupidez. Y ese señor que habla en el relato no está atacando directamente el vegetarianismo, sino que trata de ridiculizar esta postura criticando la estupidez que él mismo ha creado.
Más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Falacia_del_hombre_de...
Sergio, ¿nos podrías decir el nombre de la novela?
#5 R&C: Si no te importa, preferiría mantenerla en secreto. Si te interesa especialmente, escríbeme a la dirección de contacto de Genciencia o a sparra@escible.com y con mucho gusto te indicaré el título.
Un saludo.
Interesante. ¿Se puede saber por qué preferirías mantenerlo en secreto... o también es un secreto? :-P
#7 diosateo: Digamos que no quiero hacer autobombo ;)
Yo no sé si diosateo también se ha dado cuenta y su comentario es de broma... o es que aquí la gente no presta mucha atención :D . Mira que no quería meterme pero ese comentario me ha obligado.
Digamos sólo que el fragmento en cuestión me parece realmente bueno y que, Sergio, si querías mantenerlo en secreto no deberías haber puesto la vía :)
#9 Skra: definitivamente, a veces soy tonto del haba. No recordaba haber puesto vía, y dadas las preguntas... todavía lo tenía más claro. Bueno, al menos no puse el autor: a quien le interese de verdad, tendrá que saltar a otra web.
Pues no, @Skra, la verdad es que no se trataba de una broma. Sencillamente no me había dado cuenta jajaja. Pero, ¿qué quieres que te diga? Me limité a leer la entrada y no se me ocurrió revisar el enlace. Y aún si lo hubiese hecho, probablemente no me hubiese fijado en el autor del libro. Y aún si me hubiese fijado en el autor del libro, probablemente no lo hubiese relacionado con el autor de esta entrada hasta que alguien (tú) lo hubiese señalado. Vamos, que, aunque te cueste creerlo, no soy ni perfecto ni demasiado bueno con los nombres ;-)
En cualquier caso, @Sergio, ahora te tengo fichado. Para la próxima no me la juegas ^_^
Un saludo a todos.
La comparativa entre vacas y el cerdo es una verdad a medias porque la vaca puede aprovechar gracias a la fermentación en el rumen y sus diferentes estomagos las paredes vegetales con celulosa y sustancias menos digestibles que los humanos y los cerdos no podemos aprovechar mas que para acelerar el tracto digestivo. Así que yo le daría un valor muy muy grande a la vaca y a los rumiantes en general por poder aprovechar, no solo vegetales como la soja, cereales..., sino sobre todo la fibra que tiene mucho menos valor y es más abundante en este planta donde no sobran precisamente los recursos... y ademas producir leche en ingentes cantidades. No se uede pedir más. Yo no tengo nada contra los cerdos pero si nos ponemos a buscar un animal más eficiente tenemos al pollo con un mejor indice de conversión carnico.
Los granos, por ser o "fetos de plantas" tampoco deberían ser comidos porque son seres vivos!!!!
Adiós a los frijoles, entonces de que nos alimentamos????
Mejor me prepararo un mi emparedado con jamón mientras medito en estas profundas aguas de la filosofía...
Saludos...
Escribir un comentario
Para hacer un comentario tienes que identíficarte: ENTRA o conéctate con FacebookConnect