Parece que hoy toca hablar de olores. Ya sabemos que el olfato es uno de los sentidos más poderosos, aunque no siempre precisos, de que disponemos. Un olor es capaz de provocar sensaciones o recuerdos con enorme eficacia. Esto es debido a que las señales nerviosas procedentes del olfato son procesadas cerca de regiones cerebrales relacionadas con las emociones y la memoria a largo plazo.
Desde hace mucho tiempo se trabaja para conseguir “grabar” un olor concreto y reproducirlo utilizando productos químicos inofensivos que simulen de forma aceptable el olor original. Hasta ahora todos los sistemas han resultado primitivos, imperfectos y muy limitados en su capacidad de reproducción. Ahora, investigadores de Instituto de Tecnología de Tokio afirman que son capaces de grabar y reproducir con precisión olores de frutas como naranjas, limones o plátanos. Se trata de un primer paso, mientras trabajar para imitar olores más complejos como un pastel.
Su sistema utiliza un conjunto de 16 microchips con sensores capaces de capturar un amplio rango de aromas diferentes. Para su reproducción se parte de 96 aromas básicos son mezclados en las proporciones adecuadas por un ordenador. La mezcla se vaporiza en el ambiente para generar el olor deseado.
Aunque su alcance sea limitado, los avances en el campo de los sensores probablemente permitan mejorar y abaratar el uso de estos equipos. En un futuro, ¿Podremos “grabar y reproducir” olores asociadas a nuestros recuerdos? ¿O provocar sensaciones como Jean-Baptiste Grenouille en El Perfume, de Patrick Suskind ? De momento, yo me conformaría con algo más sencillo. Por ejemplo, que mi oficina oliese a rosas como los invernaderos junto a la refinería que mencionábamos en la entrada anterior.
Vía | New Scientist
Para los que escriben los post les mando una noticia gigante busquen en google news unos cientificos canadienses inventaron una maquina que ayudar a crecer nuevos dientes es algo impresionante.
Sería genial poder disponer de un "mp3" de olores. Incluso podría ser una forma de entrenar nuestros olfatos. Seguro que mejoraba nuestra capacidad olfativa.
Poder oler la ropa tendida de mi abuela, o volver a sentir el aroma de las manos de mi madre, poder a 500 kilómetros sentir el aroma del mar...
¿Quizás como Jean-Baptiste viviríamos presos de nuestra memoria olfativa hasta la locura?
¿Podrían componerse sinfonías de olores?