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Psicología

Tu estado de ánimo depende del estado de ánimo de los demás (y II)

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Por esa razón, nuestro abanico de muecas es impresionante. Porque no sólo es una señal para transmitir lo que pasa en nuestras mentes. De alguna forma, también es lo que pasa en nuestra mente, influye en ella, como sostiene Paul Ekman (sí, el personaje de Lie To Me se basa en él).

Ekman fue uno de los fundadores del llamado Sistema de Codificación de las Acciones Faciales o FACS. Es un dossier fascinante de 500 páginas con toda clase de detalles acerca de los movimientos posibles de los labios (alargar, arrugar, comprimir, aplanar, ampliar, sacar, tensar); los cuatro cambios que se pueden producir en la pie entre los ojos y las mejillas (protuberancias, bolsas, arrugas); o bien las diferencias más significativas entre arrugas infraorbitales y nasolabiales.

Los investigadores han usado este mamotreto de expresiones para toda clase de cosas, desde investigar la esquizofrenia hasta las enfermedades de corazón. Incluso ha servido a los animadores de Pixar y Dreamworks para hacer películas como Toy Story o Shrek.

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Tu estado de ánimo depende del estado de ánimo de los demás (I)

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Cada vez más, la memética permite revelarnos que nosotros, de una forma asombrosamente profunda, somos en gran parte una suma de influencias por parte de la gente con la que tenemos un contacto cotidiano.

Por esa razón, el refranero popular cobra mayor importancia a la luz de sus nuevos descubrimientos: dime con quién andas y te diré quién eres (no sólo porque tú decidas andar con ellos, sino porque ellos acabarán influyendo en tu forma de pensar, en tu estado de ánimo, en tu estado físico, en tu manera de hablar y hasta en aspectos tan peregrinos como tu peso o tu salud cardiovascular).

El impacto emocional de las personas que nos rodean quedo expresado en un curioso experimento realizado con estudiantes voluntarios de la Universidad de Wurzburg, Alemania.

Los sujetos debían escuchar una voz grabada leyendo un párrafo muy pesado y aburrido, una traducción alemana del Tratado de la naturaleza humana, del filósofo David Hume. Ya os lo podéis imaginar: un rollo.

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El efecto Westermarck: no te acuestes con tu familia (I)

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No importa que hablemos de seres humanos de distintas culturas, tampoco de primates sociales no humanos en los que se ha estudiado en profundidad el desarrollo sexual (como los titís y tamarinos de Sudamérica o los macacos asiáticos). El efecto Westermarck se produce en todos ellos.

Es decir, todos ellos rechazan a los individuos con los que estuvieron estrechamente asociados en las primeras etapas de la vida, sobre todo si se trata de padres o hermanos.

Este efecto fue descubierto primero en humanos por el antropólogo finés Edward A. Westermarck. Su primera referencia apareció en la obra de 1891 Historia del matrimonio. Desde entonces, multitud de pruebas experimentales han refrendado este efecto.

Uno de los más conocidos es el que realizó Arthur P. Wolf, de la Universidad de Stanford, en relación a los “matrimonios menores” de Taiwán. Los matrimonios menores son aquellos en los que niñas no emparentadas son adoptadas por familias, criadas con los hijos varones biológicos en una relación normal de hermano-hermana y después se casan con los hijos. De esta manera, las familias se aseguran que el hijo tendrá una pareja, dada la proporción sexual desequilibrada del país.

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Test para saber lo bueno que eres

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Poco a poco estamos descubrimiento que el sentido moral es algo que surge de forma innata en el ser humano (aunque esa moralidad acostumbre a manifestarse sólo entre los miembros de nuestro propio grupo o clan).

En 1996, biólogos italianos descubrieron las neuronas espejo, que determinan nuestro grado de empatía, altruismo o solidaridad con el prójimo. Estas neuronas está alojadas en la corteza promotora del cerebro, y nos hacen ponernos en la piel del otro gracias que permiten que lo imitemos: hacen que nos hagamos una idea de lo que está haciendo el otro y que podamos darle sentido.

Por esa razón, cuando una persona sufre un padecimiento, se activa en nosotros un patrón cerebral que es el mismo que entra en funcionamiento cuando alguien ve a otra persona sufrir.

Pero no todos nacemos con el mismo grado de moral, y el ambiente acaba por configurar finalmente nuestra moralidad (pese a la idea russoniana del buen salvaje, son las ciudades más industrializadas las que tienen ciudadanos más morales y no los escenarios rurales o naturales).

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A mayor testosterona, más posibilidades de ser autista

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Siguiendo en la línea del anterior post, Test de Autismo, caben señalar las recientes y polémicas desatadas en el Reino Unido a raíz de un estudio sobre el autismo. La conclusión del estudio, llevado a cabo por científicos de la Universidad de Cambridge, arroja que a mayor concentración de testosterona en el saco vitelino, mayores riesgos de presentar rasgos autistas. El estudio ha sido dirigido por Simon Baron-Cohen.

Empleando los tests que en el anterior artículo mencionábamos a 235 niños que en su periodo fetal hubieron estado expuestos a grandes conentraciones de testosterona en el líquido amniótico, Baron-Cohem concluyó que su hipótesis tenía visos de ser cierta: el cerebro de las personas con autismo está “masculinizado”. Las hormonas masculinas influyen en el desarrollo fetal a la hora de padecer autismo. Esa razón también explicaría que haya 4 niños por cada niña que sufre autismo.

Baron-Cohen y sus colegas analizaron ciertos comportamientos de los participantes, que eran demasiado pequeños para superar los tests durante las primeras etapas del desarrollo. Así, observaron el contacto visual con sus madres y su vocabulario.

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Test de Autismo

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Todos somos capaces de detectar en pocos segundos si nos encontramos frente a un autista, sobre todo si tiene pinta de Dustin Hoffman en Rainman y se dedica a desplumar los casinos de Las Vegas o Atlantic City.

Sin embargo, existen diferentes grados de autismo, y tal vez nos sorprendería descubrir que nos hallamos rodeados de ellos sin saberlo… o incluso que nosotros mismos somos autistas en determinado nivel.

Para establecer el umbral de autismo de un individuo se emplea el llamado test del Autism Spectrum Quotient, o cociente de autismo (AQ), una prueba muy sencilla inventada por Baron-Cohen y sus colegas.

La prueba consiste en responder a 50 preguntas sobre nosotros mismos en una página web. El resultado es un número que puede oscila entre 1 y 32. Cuanto más alto es el número, más próximos estaremos al autismo (el resultado medio es de 16,4).

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Las innumerables formas que tenemos de reírnos

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Aunque lo hacemos con naturalidad desde muy pequeños, resulta asombrosa la capacidad de nuestro cerebro para registrar hasta detalles infinitesimales el lenguaje no verbal de los demás y, por supuesto, de expresar nuestras emociones con nuestros gestos y muecas. Un ligero desvío de mirada, un milimétrico frunce en el entrecejo, un mínimo tic en el labio… todo cuenta en la muda partida de ajedrez psicoemocional a la hora de suponer qué piensa realmente el otro y si este pensamiento se relaciona con lo que dice.

Para advertir la apabullante complejidad de estas expresiones no verbales, basta con observar la gran diversidad de sonrisas que somos capaces de formular de manera casi inconsciente.

Paul Ekman, un psicólogo que ha sido un pionero en el estudio de las emociones y sus relaciones con la expresión facial, se dedicó en la década de 1980 a aprender a controlar voluntariamente, delante de un espejo, cada uno de los casi 200 músculos de la cara. Para ello, incluso, se aplicaba ligeras descargas eléctricas para poder así localizar algunos músculos difíciles de detectar.

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¿Qué diferencias hay entre hombres y mujeres? (II)

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La idea de que los maridos nunca recuerdan fechas románticas o aniversarios, mientras que las esposas sí, parece deberse al modo diferente en que hombres y mujeres usan el cerebro, según un reciente estudio.

De acuerdo con este informe, las mujeres utilizan más regiones del cerebro relacionadas con el procesamiento de las emociones que los hombres y, en algunos casos, incluso, diferentes áreas. En la investigación, realizada por un equipo de psicólogos de la Universidad de Stanford, en California, se han empleado Imágenes de Resonancia Magnética Funcional (fMRI).

Las imágenes fMRI miden el flujo sanguíneo y pueden identificar, mediante una coloración artificial, las regiones del cerebro que se encuentran en plena actividad.

Para evaluar las diferencias respecto a las emociones, se mostraron fotografías catalogadas desde “neutrales” a capaces de provocar “fuertes emociones” a 12 hombres y 12 mujeres y se registró la impronta que dejaban en el cerebro.

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¿Qué diferencias hay entre hombres y mujeres? (I)

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A lo largo de este mes, por cuestiones de trabajo, voy a estar dedicado en cuerpo y alma a discutir y ahondar de la forma más valiente y desprejuiciada acerca de las diferencias entre hombres y mujeres, los orígenes del machismo, qué sexo es mejor que el otro y para qué, etc.

Así pues, comienza aquí un triple post de una larga serie dedicada a los XX y los XY, a los bla-bla-bla y a los grrr, a los acólitos del fútbol y a los de la compradicción, a los de la testosterona y a las del estrógeno, a los de Marte y a los de Venus… y demás dicotomías estereotipadas.

Empecemos por las diferencias de base entre hombres y mujeres.

¿Qué sexo es más inteligente? Cuestión espinosa, cuando aún no hay una forma fiable de medir la inteligencia; ni siquiera hay un consenso acerca de la definición de conciencia.

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La vulcanización del cerebro humano

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¿Qué hacer? ¿Comer ese pedazo de tarta de chocolate o no hacerlo? ¿Dar rienda suelta a nuestro impulso de procesar azúcar para sentir bienestar inmediato o mantener la dieta para evitar futuros problemas coronarios?

Este equilibro de fuerzas depende de la capacidad de nuestra corteza prefontral de decir no a los impulsos. De algún modo, es la mediadora de la racionalidad. Es esa parte de nuestro cerebro que se asemeja a la mente fría y ponderada de Mr. Spock, el personaje hiperracional de Star Trek originario del planeta Vulcano.

De ahí precisamente procede el título de un ensayo titulado The vulcanization of the brain, de Cohen.

Es cierto que ahora podemos acceder fácilmente a lo que queremos, como azúcar y grasas, pero todavía debemos aprender a equilibrar mejor nuestros intereses a corto y a largo plazo.

Así pues, también el tamaño de la corteza prefrontal es un elemento que nos distingue de los demás primates, que poseen regiones prefrontales mucho más pequeñas. Como el propio Cohen explica en su libro, esta región del cerebro ha acabado transformando el mundo humano hasta un punto en el que ya nada es física, económica ni socialmente igual.

Los deseos más primordiales del deseo humano se fundan en la explotación de oportunidades de autocomplacencia y abuso. Comer sólo lo que nos apetece, por ejemplo. En gran parte, nuestra supervivencia depende ahora de la corteza prefrontal, del pepito Grillo de las tentaciones. Son escollos que surgen del genio humano (más comida, más armas, más capacidad de destrucción, etc.); escollos que son contrarestados precisamente por el genio humano.

Daniel Goleman lo explica así en su libro Inteligencia social:

A diferencia de lo que sucede con otras regiones cerebrales especializadas en una determinada tarea, estos centros ejecutivos requieren más tiempo para realizar su trabajo. Pero, como ocurre con el resto de los repetidores cerebrales multiuso, la región prefrontal es mucho más flexible y capaz de enfrentarse a un rango mucho más amplio de tareas que cualquier otra estructura neuronal.

Vía | Inteligencia social de Daniel Goleman

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