¿Realmente funciona la homeopatía?
Debido a la controversia que ha levantado específicamente la práctica homeopática en el artículo Las 5 medicinas alternativas… más alternativas, hoy vamos a profundizar un poco más en los entresijos de esta medicina (o pseudomedicina).
La homeopatía nació en el siglo XIX y sostiene que si se provocan en el organismo los mismos síntomas que se sufren, este reacciona y acaba curándose. Así pues, al contrario de la medicina corriente o alopática, la homeopatía combate los síntomas imitándolos, se basa en la similitud y no en lo contrario.
Los medicamentos homeopáticos son sustancias diluidas tantas veces que se toman en cantidades infinitesimales, pues se supone que esas diluciones guardan la memoria de la sustancia pero no su toxicidad.
A partir de aquí no hay unanimidad. El último ataque científico a la homeopatía se produjo en Gran Bretaña, en febrero del 2010, cuando un comisión de expertos firmó un informe en el que recrimina al Gobierno por destinar dinero público a la homeopatía por considerarla “mala medicina”. Piden que se eliminen los fondos estatales dedicados a tratamientos homeopáticos.
Todos llevamos en nuestro cuerpo PCP. Siglas que, en inglés, significan neumonía Pneumocystis carinii. Desde que nacemos o desde poco después. En la mayoría de casos, sin embargo, esta bacteria que nos acompaña toda nuestra vida es inofensiva.
Es evidente que no sabemos (absolutamente nadie) cuándo adquirimos nuestra humanidad. Y trazar una línea clara es totalmente arbitrario. Pero todo el que insista dogmáticamente que ese rasgo coincide en el momento de la concepción no contribuye en absoluto en el debate.
Que no se me malinterprete. La fe religiosa no es la única fuente de irracionalidad que desdeña alegremente los descubrimientos de la ciencia. También los son la astrología, por ejemplo, o el avistamiento de ovnis.
Más de 400.000 personas sufren esquizofrenia en España, un desorden neurológico que causa delirios, alucinaciones y alteraciones ligüísticas. Por fin parece haberse localizado en una zona del cerebro.
Según la existencia de determinadas proteínas (antígenos) en los glóbulos rojos que corren por nuestras venas, existen cuatro grupos sanguíneos: A, B, AB y O. A su vez, ello se clasifica en base al Rh, que puede ser positivo o negativo, y que se determina en función de la existencia (o no) de un aglutinógeno que se halla en la superficie de los glóbulos rojos. Quedan entonces la clasificación de esta manera:
Otro caso que demuestra que hacer investigaciones científicas patrocinadas por marcas comerciales es un mal negocio es el de la doctora Nancy Olivieri, de la Universidad de Toronto, una especialista internacionalmente reconocida en la talasemia, una enfermedad de la sangre.
De todos es sabida la dificultad que entraña obtener fondos para la investigación científica. Para paliar en algo ese mal endémico, muchas universidades ofrecen sus instalaciones científicas para que las empresas las usen para sus fines. Por ejemplo, para diseñar nuevos esquís Nike.
A rebufo de las letras helvéticas que está generando la ya epidemia de la peste porcina, vale la pena abundar un poco en las bacterias que también habitan nuestro mundo. Aunque en principio nos infunden menos temor, lo cierto es que cada vez amenazan más al ser humano. Una de las razones del aumento de su nivel de amenaza radica en el abuso de antibióticos que usamos para combatirlas, que progresivamente está aumentando su resistencia.
Según la biología moderna, lo que llamamos “persona” emerge poco a poco de un cerebro que se desarrolla gradualmente. El cerebro empieza a funcionar en el feto, pero sigue conectándose hasta bien entrada la infancia e incluso la adolescencia. Las fronteras, pues, cada vez son más difusas. Y este problema también se produce en los instantes finales de la vida de una persona, pues la muerte no es otra cosa que un fallo gradual e irregular de diversas partes del cerebro y el cuerpo.