Si el teflón es antiadherente ¿cómo se adhiere a las sartenes?
He aquí una de esas preguntas un tanto circulares, de pez que se muerde la cola, de qué fue antes, el huevo o la gallina: ¿cómo se adhiere el teflón a las sartenes si el teflón es precisamente antiadherente?
Primero cabe puntualizar que el teflón, nombre comercial registrado por DuPont para referirnos politetrafluoretileno, y que sirve para muchas otras cosas, como el aislamiento de cables de comunicación de datos, en ropas y tapicerías (para repeler agua y manchas), en revestimientos de aviones, cohetes, naves espaciales, en prótesis, en componentes electrónicos, etc.
Y además, el teflón es capaz de resistir temperaturas de unos 300º C durante largos periodos sin apenas sufrir modificaciones. Es resistente a la mayoria de los ácidos y las bases. Y es resistente (insoluble) a muchos disolventes orgánicos.
Un mito muy extendido es que el teflón surgió a consecuencia de la carrera espacial, pero no es cierto. Aunque se usó, efectivamente, en la capa externa de los trajes de los astronautas, en realidad fue descubierto fortuitamente por Roy J. Plunkett mientras trabajaba para la empresa Du Pont en 1941. Viva la serendipia.
Todos los ingenios tecnológicos que nos rodean, desde una bombilla de bajo consumo a una turbina eólica, pasando por los auriculares del iPod (o de la puñetera marca que queráis) no serían posibles si no fuese por China. Pero no hablamos de su obra de mano barata, sino de sus tierras, de sus tierras raras.
Hace apenas una década, lo habitual era acudir a unos grandes almacenes los domingos (a ser posible con toda la familia y vestido con un chándal) para hacer la compra semanal. De un tiempo a esta parte, se ha estandarizado el uso de Internet par ir al Súper, y también para comprar toda clase de artículos: el sueño de cualquier agorafóbico.
1,4 millones de toneladas de petróleo al día se convierten en plástico. 4 kilos por día y habitante del planeta son consumidos por la industria mundial.
No importa la temperatura del lugar donde estemos, el metal siempre parece estar más frío que las demás cosas. Incluso, si estamos a una temperatura bajo cero, es posible que nuestros dedos se queden irremediablemente pegados a una barandilla metálica si cometemos la imprudencia de asirla sin estar provistos de un buen par de buenos guantes.
Un lector de Genciencia, Hugo Torres, ha tenido la gentileza de avisarme de que hoy es un día de celebración.


Dos universitarios mexicanos han inventado un hormigón que es un 30% más ligero que el tradicional, permite el paso de hasta el 80% de la luz y presenta las mismas condiciones de dureza y resistencia a terremotos que el tradicional. Los fabricantes calculan que comenzará a venderse en todo el mundo en menos de dos años.