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Genética

La historia de la desigualdad entre seres humanos según su inteligencia (II)

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La mayoría de nosotros se ha sometido alguna vez a un test de CI. Son baterías de preguntas sobre distintos tipos de tareas, sobre ordenar conceptos, completar sucesiones de números, componer figuras geométricas, etcétera.

El test estándar de cociente intelectual es el de Binet-Simon.

En la anterior entrega de esta colección de artículos sobre la inteligencia decíamos que Lombroso asoció genialidad con locura. Algo que fue refutado empíricamente en los años 1920. Para ello, Terman, un investigador norteamericano, sometió a pruebas de larga duración a personas que habían obtenido una puntuación superior a 140 en un test de CI.

La conclusión fue que la mayoría de los superdotados eran, respecto a las personas de cociente intelectual medio, más equilibradas psíquicamente e incluso más sanos físicamente.

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La historia de la desigualdad entre seres humanos según su inteligencia

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A veces me sorprende la protección que dispendiamos a determinados colectivos y, por el contrario, cómo nos despreocupamos de otros. Por ejemplo, está prohibidísimo decir algo que minusvalore a una mujer o a un grupo étnico.

Pero nadie se escandaliza si se discrimina a un calvo, o al que sostiene una opinión distinta a la corriente mayoritaria y buenrollista.

Me explico: un empresario será socialmente estigmatizado si se niega a contratar a una mujer porque, a su juicio, le resulta menos rentable. Pero nadie defenderá ni impulsará cuotas de contratación para calvos, gordos o cualquier otro rasgo que el empresario considere poco rentable (si es calvo, no da buena imagen, si es gordo, será un vago, etc.).

Si alguien “cree” que eres tonto y no cuenta contigo, puede ser más o menos censurado. Si “cree” que eres tonto porque eres inmigrante, mujer o beato (o ateo, que no enfade nadie: el presidente de EEUU nunca podría declararse ateo) entonces a todas luces es censurable. No importa las razones que arguyas para declarar tonto a uno, aunque sean completos juicios sesgados. Pero si la razón es ser lo anteriormente dicho, entonces es censurable sin discusión.

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La complejísima y fundamental proteína que se dobla de mil formas

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Cada uno de nuestros genes es una hebra de 2.000 a 3.000 pares de bases (letras genéticas). Entre los pares de bases que componen los genes activos, cada triplete (conjunto de tres) se traduce en un aminoácido.

Hasta aquí, todo parece sencillo. Pero la cosa se complica cuando los productos moleculares finales de los genes, tal como son traducidos hacia el exterior de la célula por decenas de reacciones químicas, son secuencias de aminoácidos plegados en moléculas gigantes de proteínas.

Existen alrededor de 100.000 tipos de proteínas en un animal vertebrado. Suponen la mitad del peso seco del animal.

Las proteínas dan forma al cuerpo, lo mantienen unido mediante tendones de colágeno, lo hacen moverse mediante músculos, catalizan todas las reacciones químicas que lo animan, transportan oxígeno a todas sus partes, arman el sistema inmune y transportan las señales mediante las cuales el cerebro examina el ambiente y media el comportamiento.

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A vueltas con San Valentín: algunos fundamentos biológicos sobre el enamoramiento

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Tras la resaca de San Valentín, las flechas de Cupido y los regalos de los grandes almacenes (a todos nos gustan los regalos, sobre todo a los grandes almacenes), vale la pena puntualizar algunas cosas sobre el amor desde un punto de vista biológico. Me perdonarán los poetas.

Se dice que el amor es una droga. O que el chocolate es el sustituto del amor. Estas creencias populares tienen mayor base científica de lo que pensamos. En efecto, el enamoramiento (que no el amor) puede ser adictivo como una droga; y el chocolate es bueno para el paladar, pero también puede picar los dientes.

El amor una suma de complejas interacciones biológicas y culturales, una mezcolanza indisociable de compañía, compromiso, consideración, comunicación, consenso en valores, aficiones compartidas, reciprocidad y otras. También deseo y emoción, por supuesto.

Sin embargo, no debe confundirse amor con enamoramiento, o flechazo. El enamoramiento es una coctelera neuroquímica que, aunque placentera, puede llegar a a picar los dientes, o a nublar nuestro juicio, o incluso a hundir un matrimonio.

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El efecto Westermarck: no te acuestes con tu familia (y II)

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En la anterior entrega de este artículo nos preguntábamos si el efecto Westermarck tenía un origen genético y que éste hubiera sido favorecido por la selección natural porque el incesto es biológicamente nocivo. ¿Cuánto hay de cierto en ello?

La verdad es que todavía estamos lejos de una explicación completa de la evitación del incesto. La evitación del incesto reduce la endogamia y con ello aumenta la producción de hijos sanos, ello podría haber favorecido que el efecto Westermarck se extendiera por toda la población, desde una incidencia muy baja a una presencia muy extendida en sólo diez generaciones (al menos en la teoría de la genética de poblaciones).

Sin embargo, todavía no se han descubierto los genes que provocan dicho efecto. Tampoco cómo se produce el efecto psicológico entre las personas que se crían juntas: ¿ocurre durante el juego, al comer juntos, en los intercambios agresivos…? ¿Quizá es el simple aroma de la otra persona? ¿Algún estímulo visual?

Se añade más complicación al tema del incesto cuando entra en juego la poliédrica influencia cultural, los tabúes del incesto. Muchas sociedades son permisivas con los matrimonios entre primos hermanos, pero los prohíben entre los hermanos.

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La longevidad femenina: ¿El machismo influye? (y II)

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En el artículo anterior descartábamos los cromosomas X e Y como consecuencia de la mayor longevidad de las mujeres respecto a los hombres, así como el hecho de que el sexo masculino tenga más tamaño y que ello produzca más complicaciones en el parto.

Otra alternativa podrían ser los diferentes niveles de estrógenos y testosterona del macho y la hembra.

Es cierto que la hormona sexual femenina, el estrógeno, brinda protección frente al peligro de ataques cardíacos al reducir el nivel de grasas de baja densidad y de colesterol en la sangre. Los andrógenos como la testosterona, sin embargo, provocan el efecto contrario.

Pero también es cierto que los estrógenos favorecen el cáncer de mama, la forma de cáncer mortal más común entre las mujeres estadounidenses y de otras sociedades industriales. Por otro lado, son los alimentos ricos en colesterol los mayores responsables del exceso de colesterol y no los andrógenos.

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La longevidad femenina: ¿El machismo influye? (I)

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Independientemente de dónde establezcamos el estudio, las mujeres viven de 4 a 10 años más que los hombres. Esta diferencia de la esperanza de vida, además, ha ido aumentando con el tiempo.

Por ejemplo, en 1920, entre las norteamericanas de raza blanca, la esperanza de vida sólo superaba en 8 meses a la de los hombres blancos. Actualmente, la supera en 6,9 años. En el mismo año, los hombres norteamericanos de la comunidad negra vivían más que sus mujeres. Actualmente, las estadounidenses de raza negra viven 8,4 años más que los hombres de su misma raza.

Estas diferencias crecientes está creando un nuevo panorama demográfico y social: cada vez hay más viudas, cada vez más mujeres deben cuidar a sus maridos achacosos.

¿A qué se debe esta diferencia en la longevidad que, tal vez, debiera tenerse en cuenta en las vindicaciones por la igualdad de sexos?

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Algunos ejemplos de epigenética: el ambiente modifica nuestro ADN

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La epigenética viene a demostrar que el ADN no es algo inmutable sino una molécula viva en su dinamismo y sus interrelaciones. Así pues, nuestros descendientes no heredan solamente un bloque de instrucciones sino también parte de la vida que hemos llevado.

El lamarckismo en una falacia: por mucho que entrenemos nuestros músculos, ello no repercutirá en una descendencia a lo Schwarzenneger. Sin embargo, una dieta o un entorno determinado, no sólo los genes, pueden influir en el ADN durante varias generaciones, por muy sacrílego que suene.

Existen un par de ejemplos sorprendentes de este hecho epigenético.

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El gen de la mosca que nos hace dormir por la tarde (y II)

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Quizá el ejemplo más sorprendente de un gen que influye en el comportamiento es el que influye en la siesta. Como los seres humanos, las moscas se despiertan por la mañana, se echan una siesta al mediodía y duermen por la noche, todo en un ciclo de 24 horas. Aunque las moscas hayan crecido en la oscuridad más absoluta, conservan estos ciclos con la precisión de un reloj suizo. Incluso con mayor precisión, porque está escrito en sus genes.

Las moscas mutantes que Benzer encontró con los ciclos circadianos estropeados, por supuesto, estaban totalmente desincronizados. Y, aunque las moscas nos puedan parecer lejanas, en los seres humanos también pueden darse estas mutaciones en el reloj biológico.

Lo más curioso es que, mucho más recientemente, se ha podido estudiar el primer mutante de reloj biológico humano: una familia en la que todos sus miembros comienzan a sentir sueño por la tarde, duermen, e invariablemente se despiertan a las cuatro de la madrugada. Y se ha comprobado que este comportamiento anómalo está relacionado con una mutación del mismo gen que Benzer y sus estudiantes habían encontrado en la mosca del vinagre, de modo que algo nos une muy estrechamente a ella..

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El gen de la mosca que nos hace dormir por la tarde (I)

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Las moscas son muy importantes para entender cómo es y cómo funciona el ser humano. No las moscas grandes comunes, sino unas diminutas, las conocidas moscas Drosophila melanogaster, las moscas del vinagre, que son baratas, no ocupan mucho sitio y se pueden guardar el frascos. Y además se alimentan de plátanos.

Este fue el motivo de que se comenzara a experimentar con ellas en la Universidad de Columbia, Nueva York, por parte de uno de sus estudiantes: Seymour Benzer.

Benzer pretendió demostrar que en la mosca del vinagre existía un gen que la obligaba a determinado comportamiento en relación con la luz ambiental. Su profesor, el biólogo Thomas Hunt Morgan, que en 1910 descubrió la primera mosca de la fruta mutante, ya había observado que la mayoría de estas moscas tienen los ojos rojos, pero encontró una con los ojos blancos y consiguió determinar dónde se hallaba la mutación que había producido esa anomalía.

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