feed

general

Cuenta global para acceder a nuestras publicaciones

2 comentarios

Registro 1

A partir de ahora las cuentas son globales, por lo que ya podéis identificaros en todas nuestras publicaciones con una misma cuenta de usuario. Si te registras ahora o ya eres usuario de Genciencia, también podrás acceder con esos datos a Zona Fandom y Blog de cine por ejemplo. ¡Prueba y verás qué fácil!

Ahora bien, si eres usuario de varias de nuestras publicaciones y ya tienes varias cuentas distintas, a continuación te explicamos cómo tienes que hacer para tener una única cuenta global y poder acceder a todas ellas.

Leer más

Votos 0 ¡vota!
Anunciate aquí
Anunciate aquí

La invención de las gafas

21 comentarios

Sumidos en una neblina se hallan los orígenes de uno de los dispositivos protésicos más comunes del ser humano (antes de que se implantara la cirugía láser): los anteojos, las gafas, incluso esas gafas tan molonas de color negro que en los años 1980 eran casi un símbolo: las Rayban Wayfarer, que llevó Tom Cruise en Risky Business o los Blues Brothers.

Si lo pensáis, además, las gafas emplean una parte de nuestro cuerpo exadaptativamente, esto es, para algo diferente para lo que fue creado. Hablo del puente de la nariz y la aleta de las orejas. Ambos rasgos anatómicos no prevalecieron en la historia evolutiva del ser humano para sujetar unas gafas, sino para otras razones. (Desde el punto de vista que ve inmoral el sexo anal, por ejemplo, porque opina que el ano fue fabricado únicamente para excretar y no para producir placer, sería contradictorio que usara gafas).

Pero dejemos la sodomía y vayamos a la historia.

Leer más

Votos 1 ¡vota!
Anunciate aquí

Superhéroes más cotidianos: la ciencia para hacer verosímil un superpoder (y II)

18 comentarios

A otro nivel muy superior se encuentra, por ejemplo, el filme El Protegido, de M. Night Shyamalan. Una historia de superhéroes narrado con un tempo lánguido, casi morfínico, donde se da prioridad a la psicología de los personajes en detrimento de la pirotecnia al uso. El salto fue importante, a pesar de algunas carencias, pues, al menos, ya no nos trataban como a idiotas.

En esta línea, el siguiente paso evolutivo lo ha dado Tim Kring con su excepcional serie Heroes (al menos en su primera temporada), que emitió la cadena estadounidense NBC. Una mezcla de la primera parte de X-men y la patina de realismo y profundidad de El protegido, sazonado todo ello con los cliffhangers de Perdidos o Prison Break. Personajes como el de Hiro Nakamura o Peter Petrelli nos resultan ciertamente próximos, no nos cuesta ningún esfuerzo identificarnos con sus reacciones ante el descubrimiento de sus superpoderes.

Los pasos, pues, parecen dirigirse hacia una normalización del género de los superhombres, que quizá culminará en la creación de historias tan maduras como puedan serlo otras. Historias sin acción, quizá. Y sin disfraces, ¡ojalá! Y sin mensajes mesiánicos. Historias mínimas. Y, si requieren cierta grandilocuencia, que ésta se produzca arrostrando todos los riesgos: nada de provincianismos, nada de síndromes de Frankenstein, nada de anumerismos, nada de saltarse a la torera la verosimilitud en aras de un mayor efectismo. Crear un superhéroe con capa y reflejos horteras no tiene ya ningún mérito. Crearlo con corbata, sida, feo o bajo los preceptos de una moral ambivalente, es decir, con problemas reales y humanos, sí, lo tiene, y mucho.

Veremos qué tal ha quedado Watchmen, de Zack Snyder.

Leer más

Votos 0 ¡vota!

Superhéroes más cotidianos: la ciencia para hacer verosímil un superpoder (I)

18 comentarios

De pequeño quería ser Supermán. Lo que más deseaba en el mundo era volar y llevar la ropa interior por fuera. Y salvar a la gente.

Cuando nos hacemos mayores, enmascaramos ese deseo por sobresaltar mediante ardides menos llamativos: nos convertimos en artistas, millonarios, futbolistas o políticos, por ejemplo. Porque ésos son los verdaderos superhéroes: individuos que aprovechan sus habilidades para escalar socialmente (por supuesto, esto sólo es una tendencia inconsciente).

Pero aparco para otro día las sutilezas del altruismo, el egoísmo y el estatus, procelosos asuntos que requerirían un post aparte. Hoy me quiero centrar en la ingenuidad que destilan los superhéroes de ficción, los de portada de cómic, los que llevan mallas. Una ingenuidad que podría ser subsanada con un poco de ciencia.

Curiosamente, la mayoría de géneros de ficción basculan entre lo infantil y lo adulto, entre el encefalograma más plano y el infinitamente aserrado. Existen, por tanto, historias de amor tontas y predecibles, pero también las hay inteligentes y llenas de matices. Lo mismo sucede con las historias de gangsters. Con las comedias. O, incluso, con las de naves espaciales surcando el espacio (sin hacer chiu chiu al disparar su láser).

Con las historias protagonizadas por superhéroes, sin embargo, no ocurre lo mismo. El fiel de la balanza se inclina indefectiblemente hacia la ramplonería y la lisura psicológica, cuando no hacia la simple tomadura de pelo.

Leer más

Votos 1 ¡vota!

El pan borracho y el azúcar omnipresente

9 comentarios

Una de las cosas curiosas que el conocimiento científico ofrece a nuestra visión del mundo es que nos obliga a repasar de nuevo nuestras ideas más arraigadas, heredadas de generación tras generación, consideradas incluso intocables. Sobre todo si uno quiere seguir preceptos religiosos o mágicos.

Leí una vez el caso de una mujer que se declaraba abstemia contumaz. Al igual que en ciertas religiones no se permite la ingestión de determinada carne (como si los componentes de dicha carne fueran en efecto diferentes sustancialmente a las de otras carnes), esta mujer se negaba a que el alcohol corriera por su sangre. Ni una pizca. Si al respirar se cuela un átomo de determinada carne o de alcohol por tus fosas nasales, ¿has incumplido alguna norma? Los Gremlins no podían comer nada pasadas las 12 de la noche, pero si se muerden un pellejo de la piel, ¿entonces ya lo han hecho? Así son las cosas en realidad. Complicadas. Nunca sencillas como en los cuentos.

Desde su punto de vista acientífico e incluso acrítico, creía que para cumplir tal precepto sólo debía de abstenerse de beber un tetrabrick de Don Simón. O algo así. La infeliz no sabía que el alcohol no era una sustancia cuasi mística que se embotellaba con marcas impías sino que era un compuesto químico que podía encontrarse en diversas formas en lo que comía.

Leer más

Votos 3 ¡vota!

Destacados

 

Lo mejor en los últimos 15 días

Anunciate aquí

WSL Weblogs SL