Viaje de lo más pequeño a lo más grande en 8 niveles
Imaginad que este artículo es una especie de microscopio. Y que con él podemos registrar hasta 8 niveles de magnitud en la materia.
Nivel 1: una partícula fundamental. Por ejemplo, un electrón. Normalmente pesan menos que un yoctogramo (la cuatrimillonésima parte de un gramo). No tiene partes constituyentes que puedan deambular libres por el espacio.
Nivel 2: el electrón puede asociarse con otras partículas para formar otra individualidad, un átomo. El átomo del hidrógeno, por ejemplo, no supera los 1.000 yoctogramos.
Nivel 3: el átomo se combina con otros átomos y crea otra entidad, la molécula. Hay moléculas muy ligeras, como la molécula del agua, y otras que son mucho más pesadas, como la molécula del ADN, que puede pesar un picogramo (la billonésima parte de un gramo).
Todos hemos oído hablar de la teoría de la relatividad de Albert Einstein, pero lo cierto es que nunca antes habíamos podido leer las 46 páginas originales en alemán, escritas en Berlín, en las que el físico formuló en 1915 su célebre tesis.
Es difícil imaginar una temperatura más elevada que la generada por el astro rey, que nos baña con su luz y su calor desde que venimos a este mundo, del cual depende nuestra supervivencia y, por extensión, la vida en todo el planeta. Ahora tratad de imaginar una temperatura 250.000 veces mayor que la del Sol: 4 billones de grados.
La teletransportación, aunque ha sido una idea sugestiva y omnipresente en la ciencia ficción, siempre ha resultado una quimera. 
Muchos de vosotros habéis comentado por aquí que no acabáis de entender para qué se gasta tanto dinero en una máquina colosal como el LHC que, en apariencia, no tiene ninguna aplicación práctica.
Las nuevas tecnologías facilitan el entrenamiento de los deportistas de tal forma que, hoy en día, se obtienen marcas impensables hace apenas unas décadas.
Como corolario de las limitaciones epistemológicas de la ciencia, es hora de ir a los casos prácticos. ¿Qué hazañas asumen generalmente los científicos que jamás se alcanzarán? ¿Qué es imposible de conseguir aunque la ciencia avance 1.000 años? ¿Qué es lo que nunca se podrá resolver?
El problema de responder a todas las preguntas del universo es que nosotros vivimos en ese mismo universo. El sistema no puede saber cómo es el sistema si está dentro de ese mismo sistema.
La ciencia es un mecanismo para acumular conocimiento que, aunque no alcance nunca la certeza absoluta que nos prometen las religiones, se acerca progresivamente a una mayor comprensión del mundo y de nosotros mismos.