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Si quieres ser muy alto, extírpate los testículos: la altura exagerada de los "castrato"

Sergio Parra 4 de junio de 2009 11 comentarios

Si observamos una pintura donde aparezca un castrato, por ejemplo, el que aparece interpretando una pieza de Handel pintado por William Hogarth, nos daremos cuenta de algo llamativo en el físico del castrato.

Son altos, desgarbados (aunque en esta pintura está más exagerado de lo normal). Tienen la espalda encorvada debido a la osteoporosis. Muchos tienen pechos grandes y fláccidos. Raramente son calvos. Nunca sufren cáncer de próstata. Pero hoy sólo voy a centrarme en explicar la razón de que sean como jugadores de la NBA.

En la Italia del siglo XVIII, se creaban 4 mil castrati al año. Es decir, se le extirpaban los testículos a 4 mil niños sólo para poder explotar sus voces espléndidas. Un sacrificio que se dio en muchos otros contextos socioculturales: hasta 1920 no fueron prohibidos en Italia; el último castrato italiano, Alessandro Moreschi, murió en 1922. En la Ciudad Prohibida de Pekín se contaban por miles, y el último eunuco de la corte china, Sun Yaoting, no falleció hasta 1996, y fue enterrado junto a sus testículos, que habían sido meticulosamente conservados en un tarro. Unos 200 eunucos vivieron en el palacio de Topkapi de Estambul hasta 1924.

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Un poco de sexo para sobrevivir a los parásitos

Sergio Parra 3 de junio de 2009 5 comentarios

Los mamíferos (incluido nosotros) son anfitriones de billones de parásitos. No importan tu estado de salud o tus costumbres higiénicas.

Si ahora mismo os examinarais el cuerpo, descubriríais con horro que hay billones de parásitos de miles de especies distintas pululando por vuestros intestinos, vuestra sangre, vuestra piel, vuestro pelo, vuestra boca y todas y cada una de las partes de vuestro cuerpo.

Los parásitos evolucionan rápidamente para obtener su recompensa: colonizarnos. Se dedican día y noche a probar llaves diferentes en todas nuestras cerraduras biológicas, en busca de entradas en las que introducirse como si nuestro cuerpo fuera un edificio de apartamentos vacío.

Afortunadamente, la vida del ser humano es tan corta que, cuando ese momento llega a completarse, probablemente ya estaremos muertos.

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Una visión científica sobre el aborto (y IV)

Sergio Parra 26 de mayo de 2009 84 comentarios

Según la biología moderna, lo que llamamos “persona” emerge poco a poco de un cerebro que se desarrolla gradualmente. El cerebro empieza a funcionar en el feto, pero sigue conectándose hasta bien entrada la infancia e incluso la adolescencia. Las fronteras, pues, cada vez son más difusas. Y este problema también se produce en los instantes finales de la vida de una persona, pues la muerte no es otra cosa que un fallo gradual e irregular de diversas partes del cerebro y el cuerpo.

Entre la vida y la muerte hay muchos grados y tipos de existencia, algo que se agudizará a medida que avance la tecnología médica.

De nuevo Steven Pinker:

Esto no significa que no existe ninguna política defendible y que haya que dejarlo todo en manos del gusto personal, el poder político o el dogma religioso. Como señala el bioético Ronald Green, significa sencillamente que tenemos que reconceptualizar el problema: de encontrar una línea divisoria en la naturaleza a decidir una línea divisoria que mejor equilibre lo bueno y lo malo de cada dilema político. En cada caso debemos tomar decisiones que se puedan llevar a la práctica, que consigan el máximo grado posible de felicidad y que reduzcan al mínimo el sufrimiento actual y futuro. Muchas de nuestras políticas actuales ya son compromisos de este tipo: se permite la investigación con animales, aunque se regula; a un feto muy desarrollado no se le reconoce un estatus legal completo como persona, pero no se puede abortar a menos que sea necesario para proteger la vida o la salud de la madre. Green observa que el cambio de buscar a decidir esas líneas divisorias constituye una revolución conceptual de dimensiones copernicanas.

Una visión científica sobre el aborto (III)

Sergio Parra 26 de mayo de 2009 4 comentarios

3) ¿Qué tiene de especial el momento de la concepción? Para la doctrina moral que encontramos en algunas confesiones cristianas constituye el instante en el que el alma entra en el cuerpo, catalogándose así de asesinato el aborto, la eutanasia y la obtención de células troncales de los blastocitos. Pero desde la neurociencia, el alma (o el Yo) es algo inherente a la actividad neuronal que se desarrolla gradualmente en el cerebro del embrión.

De nuevo habla Steven Pinker:

Vista la dificultad que plantean estas decisiones, resulta tentador acudir a la biología para buscar o ratificar unas fronteras como la de “cuándo empieza la vida”. Pero esto no hace sino subrayar el conflicto entre dos formas irreconciliables de concebir la vida y la mente. El concepto intuitivo y moralmente útil de un espíritu inmaterial simplemente no se puede compaginar con el concepto científico de la ontogenia y la filogenia de una actividad cerebral que surge gradualmente. Dondequiera que tracemos la línea entre la vida y la no vida, o entre la mente y la no mente, aparecerán casos ambiguos que cuestionarán nuestras intuiciones morales.

Una visión científica sobre el aborto (II)

Sergio Parra 26 de mayo de 2009 3 comentarios

La ciencia trasciende nuestra mirada bizca y nos muestra un poco mejor qué se esconde detrás de los espejismos de la realidad. Como un telescopio. Como un microscopio. Como unas lentes bien graduadas. Como unos rayos X que no se quedan en la superficie de las cosas.

Por esa razón es inconcebible que una persona sostenga una opinión cualquiera sobre el aborto sin previamente haberse armado esta opinión bajo un riguroso prisma científico. Dejando atrás lo que creía saber.

Y entonces, una vez tengamos a mano todo lo que sabemos científicamente sobre el aborto, deberíamos abordar realmente el asunto de las fronteras. ¿16 semanas? ¿El instante de la concepción? ¿Una vez nacido? ¿Después de unos meses de haber nacido pero antes de que el sistema nervioso se haya acabado de formar?

La frontera, desde un punto de vista científico, es imposible de establecer. Pero sí se pueden descartar algunas ideas preconcebidas, o al menos se pueden discutir más fluidamente.

Lo expresa así Daniel Dennett en su libro La peligrosa idea de Darwin:

Una visión científica sobre el aborto (I)

Sergio Parra 26 de mayo de 2009 7 comentarios

A rebufo de la tramitación de la nueva ley del aborto en España, que permitiría a las adolescentes de 16 años interrumpir su embarazo sin ni siquiera comunicárselo a sus padres, el debate sobre la legitimidad de la mujer para abortar vuelve a estar de moda.

No voy a discutir específicamente sobre el límite de los 16 años de edad. Es una frontera como otra cualquiera, tan arbitraria como la que establece los 14 años como la edad mínima para llevar un ciclomotor, hacer un testamento o usar armas de aire comprimido con permiso paterno; que a los 13 años se puede mantener relaciones sexuales consentidas (incluso con un adulto); o que a los 16 años uno puede ponerse un piercing, someterse a cirugía estética o trabajar (con permiso paterno).

Las fronteras son así. Difusas. Cambiantes según la sociedad (cada país tiene fronteras diferentes; cada época, también). Y sobre eso trata el tema del aborto, de fronteras. De fronteras biológicas, antropológicas y sociológicas. Pero también de fronteras sobre nuestros conocimientos y nuestra manera de percibir el mundo.

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Olfateando las células cancerígenas

Sergio Parra 11 de mayo de 2009 3 comentarios

Una nariz electrónica es un sistema electrónico con capacidad analítica cuya finalidad es detectar los compuestos orgánicos volátiles; en el fondo no es más que una imitación simplificada del sistema olfativo de los mamíferos.

La NASA ha creado una nariz electrónica capaz de detectar las células cancerígenas.

Como sucede con muchos inventos (la Viagra, por ejemplo, no fue concebido originalmente para corregir la impotencia), la agencia aeroespacial no tenía intención de crear una nariz que oliera el cáncer. Su idea original era la de crear un sistema de control de la calidad del aire desarrollado para el transbordador espacial Endeavor. Sistema que más tarde sería instalado en la Estación Espacial Internacional.

Ahora este sistema se revela como una afinada nariz capaz de detectar y diferenciar el olor que desprende una célula normal de otra cancerígena. Lo cual ha llamado la atención de la Brain Mapping Foundation City of Hope Cancer Center, un centro de investigación para el cáncer que ha empezado a colaborar con la NASA a fin de hallar nuevas claves sobre el cáncer.

Obras de arte de la Naturaleza de Ernst Haeckel

Sergio Parra 25 de abril de 2009 2 comentarios

En ocasiones, las enciclopedias basadas en la simple definición no son capaces de plasmar la belleza de algunas obras de arte de la naturaleza. Por ello, algunas enciclopedias se basan en fotografías o dibujos, por aquello de que “una imagen vale más que mil palabras”.

El siguiente libro prescinde por completo de las palabras y se fundamenta sólo en las imágenes. Imágenes, además, unidas por relaciones estéticas o similitudes evolutivas.

Obras de arte de la Naturaleza (Kunstformen der Natur) es una serie de litografías publicadas en grupos de a diez durante 1899 y 1904 dedicadas a ilustrar, en su mayoría, organismos encontrados en un medio acuático. Su autor es el biólogo alemán Ernst Haeckel, que reunió estas cien páginas representando varios tipos organismos, muchos de los cuales fueron descritos por primera vez por el propio Haeckel.

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El animal que da más vueltas a la Tierra

Sergio Parra 22 de abril de 2009 7 comentarios

Todos tenemos noticia de viajeros consumados, de adictos al jet-lag, de aficionados a cruzar husos horarios, de amantes de nuevos horizontes. Pero si nos fijamos solamente en el reino animal, posiblemente la criatura más aficionada a la transhumancia sea el gaviotín del ártico( Sterna paradisaea), el ave con la ruta migratoria más larga e intrincada conocida.

Los gaviotines son generalmente blancos aunque algunas especies tienen plumajes más oscuros, son más pequeños que las gaviotas y tienen picos más alargados y puntiagudos. Miden 33-39 centímetros de largo y tienen una envergadura de 76-85 cm. Se alimentan principalmente de peces y pequeños invertebrados marinos.

Su viaje parte desde las áreas de cría en el Ártico, después viaja a Tierra del fuego y de allí a la Antártida. Tras alimentarse, bordea distintas islas del Atlántico desde las cuales emprenderá su vuelta. Como siempre sigue al verano, también es el animal que más luz solar recibe.

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Cómete una galleta para ver la vida de color de rosa

Sergio Parra 20 de abril de 2009 20 comentarios

Imaginad una tarde fría de invierno. Estáis en casa. Afuera cae una fina lluvia que está a punto de convertirse en cellisca. El ambiente es grisáceo y os sentís un poco desanimados. Y entonces sentís un irremediable deseo de ir a la cocina para devorar un par o tres de galletas.

Este deseo es completamente normal. Las galletas elevan el ánimo porque elevan los niveles de serotonina en nuestro cerebro. En otras palabras, podéis estás más o menos a gusto una tarde de invierno según lo que comáis. Una col hervida, por ejemplo, no os haría sentir mejor. Una dieta diseñada para rebajar el colesterol en sangre incluso es posible que influya de tal modo en vuestros niveles de serotonina que acabéis realmente enfadados con el mundo y con vosotros mismos.

Y es que la serotonina es muy importante para nuestro estado de ánimo. Prozac, por ejemplo, actúa influyendo sobre el sistema de la serotonina, aunque aún existen una polémica sobre cómo lo hace exactamente. La teoría más aceptada es que Prozac inhibe la reabsorción de la serotonina dentro de las neuronas, y así aumenta su cantidad en el cerebro.

Una galleta, por ejemplo, sería una especie de Prozac alimenticio.

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