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20 febrero 2007
John Harrison y el problema de la longitud

La semana pasada os hablábamos sobre el premio ofrecido por Richard Branson a quien idee una fórmula para eliminar los gases de efecto invernadero de la atmósfera. Durante la presentación del mismo, el propietario de Virgin lo comparó con el concurso convocado en 1714 por el Gobierno británico para hallar un método eficaz para determinar la longitud para los navegantes e indicó que sesenta años después, John Harrison recibió el premio de manos del rey Jorge III por haber diseñado un cronómetro (reloj marÃtimo) certero y duradero que permitió salvar miles de vidas en el mar. Os relatamos en qué consistÃa el problema de la longitud y lo que sucedió por aquel entonces.
Cualquier marino que se precie puede calcular la latitud mediante la duración del dÃa o la altitud del Sol, o bien según las estrellas circumpolares. Cristóbal Colón siguió un camino recto al atravesar el Atlántico cuando navegó por el paralelo en su travesÃa de 1492, y no cabe duda de que con este método habrÃa llegado a las Indias si no se hubiesen interpuesto las Américas.
Por cada 15 grados que uno se desplaza hacia el Este, se adelanta una hora con respecto a la original. De la misma forma, cuando nos desplazamos hacia el Oeste, perdemos una hora con respecto a la hora del lugar de partida.
Consecuentemente si se sabe la hora local en dos puntos de la tierra, podemos usar la diferencia entre ellas para calcular la distancia en longitud entre esos dos puntos. Esta idea era sumamente importante para los navegantes del siglo XVII. Ellos podÃan conocer la hora local observando el sol, pero para navegar debÃan conocer la hora de algún punto de referencia, por ejemplo Greenwich, para calcular la longitud del punto donde se encontraban. Aunque en el siglo XVII ya existÃan relojes de péndulo precisos, los movimientos de un barco y los cambios en humedad y temperatura impedÃan que estos relojes mantuvieran su precisión en el mar.
Tanto la Corona española como la francesa habÃan ofrecido premios para aquellos que consiguiesen resolver esta cuestión. En aquella época, la determinación de la longitud era tan importante como serÃan muchos años más tarde la bomba atómica o el genoma humano, y los paÃses más importantes pretendÃan ser los primeros en resolver este asunto. Pero fue Inglaterra, isla y potencia marÃtima de creciente importancia, la que se llevó el gato al agua.
En las postrimerÃas del siglo XVII mientras los eruditos discutÃan los medios para hallar una solución al problema de la longitud, aparecieron innumerables charlatanes y oportunistas que publicaron opúsculos de divulgación de sus disparatados proyectos para calcular la longitud en el mar. Sin duda, la más pintoresca de las teorÃas era la del perro herido que vio la luz en 1687. Se basaba en el “polvo de la simpatÃa”. Este polvo podÃa curar desde lejos. Se trataba de subir a bordo un perro herido cuando el barco zarpase, dejando en tierra a un individuo de confianza que sumergiese diariamente la venda del animal en la solución de la simpatÃa, siempre a mediodÃa. Por supuesto, el perro reaccionarÃa con un gañido, y con ello proporcionarÃa al capitán una indicación horaria. El chillido del perro significarÃa: “El Sol está sobre el meridiano de Londres”. Entonces el capitán podrÃa comparar esa hora con la hora local y calcular la longitud. Otra magnÃfica idea, menos cruenta que la anterior, consistÃa en establecer una red de buques de señales sonoras (cañonazos) anclados en puntos estratégicos en todos los mares. PodrÃa calcularse la distancia desde estos cañoneros estacionados cotejando la hora conocida de la señal esperada con la hora en que se oyese dicha señal a bordo del buque. Y asà se propusieron soluciones de lo más enrevesadas.
En 1714, el Gobierno Inglés ofreció, mediante un Decreto del Parlamento, 20.000 libras a quien pudiera determinar la longitud con un error de medio grado (que equivale a 2 minutos de tiempo). Hay que tener en cuenta que 4 segundos equivalen a 1 milla náutica: llegar a buen puerto o irse a las rocas. El método propuesto tenÃa que probarse en un barco en navegación.
El decreto establecÃa que “sobre el Océano, desde Gran Bretaña hasta cualquier puerto en las Indias Occidentales señalado por el Comité... sin perder la longitud por encima de los lÃmites establecidos”. El método tenÃa que ser probado y ser útil en el Mar.
Se constituyó el Comité de la Longitud para juzgar y adjudicar el Premio de la Longitud. Recibieron unas cuantas proposiciones extrañas y maravillosas, como la cuadratura del cÃrculo o la invención de una máquina de movimiento perpetuo. La frase “determinar la longitud” pasó a ser sinónimo de lunático o de loco. Casi todo el mundo pensó que era imposible determinar la longitud.
El problema fue eventualmente resuelto por un carpintero de Lincolnshire con muy poca educación: John Harrison supero a la comunidad cientÃfica y académica de su época y ganó el premio de la Longitud a base de esfuerzo personal y de un talento y conocimiento técnico extraordinario. Harrison habÃa nacido en 1693 y siguió los pasos de su padre que habÃa sido carpintero. Para resolver el problema de la longitud Harrison diseñarÃa un reloj portátil que tuviese la misma precisión que los mejores relojes de pie de su época, y la respuesta al problema fue el reloj H4.

El H4 fue completamente distinto a los anteriores que habÃa ideado: H1, H2, y H3. MedÃa solo 13 cm. de diámetro y pesaba 1,45 Kg. Era como un reloj de bolsillo grande. El 18 de Noviembre de 1761 el hijo de Harrison, William, partió hacia las Indias Occidentales en el barco Deptford con el reloj H4. Llegaron a Jamaica el 19 de Junio de 1762; al comprobar la hora que marcaba el reloj, empleando medidas astronómicas, comprobaron que solo habÃa atrasado 5.1 segundos. Era un logro impresionante pero aún pasó tiempo hasta que el Comité de la Longitud decidió darle el premio a Harrison.
Sin embargo, el Comité, pidió que Harrison construyese más relojes y que desvelara sus secretos. Se le pagarÃan 10.000 libras. El resto serÃa pagado cuando entregase más relojes que permitiesen calcular la longitud con un error no superior a las 30 millas.
En Agosto de 1765 se le pagó la mitad del premio pero se quedó sin sus cuatro relojes (H1, H2, H3 y H4). Para conseguir la otra mitad tenÃa que construir al menos otros dos relojes. Además, el H4 original tenÃa que estar depositado en el Observatorio, con lo cual tenÃa que construir su copia siguiendo sus planos y su memoria. Nevil Maskelyne, que habÃa sido nombrado astrónomo real, seguÃa abrigando serias dudas sobre los relojes y estaba convencido de que el único método seguro para calcular la longitud en el mar era el de la distancia lunar.
El Comité habÃa nombrado a Larcum Kendall como relojero conservador de los relojes de Harrison en el Observatorio. Además le habÃan encargado una copia del H4. En 1769 terminó el K1. John Harrison, que tenÃa 70 años, y su hijo William terminaron la primera copia: el H5. Pidieron al Comité que considerase el K1 y el H5 como los dos relojes necesarios para cobrar la segunda mitad del premio, la respuesta fue que las dos copias del H4 tenÃan que ser hechas por Harrison.
Harrison decidió dirigirse directamente al rey Jorge III, al que le entusiasmaba la ciencia, y que al conocer los detalles de cómo habÃa sido tratado Harrison decidió que habÃa que otorgarle el premio. El mismo rey comprobó la precisión de los relojes de Harrison. Pero el Comité siguió terqueando. Harrison apeló al Parlamento quien finalmente admitió que tenÃa derecho a la otra mitad del premio.
Harrison murió a los 83 años. La tozudez y el ingenio de este carpintero, que acabó siendo relojero, contribuyó, mucho más que los cañones, a que Inglaterra obtuviese el Imperio que hasta hace bien poco se extendÃa por toda la tierra.
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Tags: John Harrison, longitud, reloj
Comentarios (3)
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Comentarios
[...] Una historia bien contada y con muchos detalles de cómo John Harrison halló la solución al problema de el cálculo de la longitud en la navegación, en el siglo XVIII, ganando un concurso convocado por Jorge III. [...]
#1 | Escrito por meneame.net » John Harrison y el problema de la longitud | 20 feb 2007 18:23:01
[...] En 1714 el gobierno británico ofreció un premio de 20.000 libras a quien consiguiese resolver el problema del cálculo de la longitud en la navegación. Tuvieron que pasar 70 años para que alguien resolviese el problema. Y, curioso, después de que todos los eruditos de la época lo hubiesen intendado, John Harrison, logró resolverlo. [...]
#2 | Escrito por www.mascame.com » El problema de la logitud para navegar | 21 feb 2007 02:34:14
[...] Hoy tocaba caída de Dreamhost, desde las 9:00 hasta cerca de las 18:00. Y es que Dreamhost es lo que es: hosting económico en plan industrial y cada poco tiempo toca quedarte fuera. Así que, si Dreamhost lo permite, aquí está la semana en los blogs [...]
#3 | Escrito por Error500 » La semana en los blogs LXVI y Dreamhost | 25 feb 2007 19:53:48
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